Un juego de 100.000 dragones

Durante la pasada Feria del Libro de Fráncfort, comentábamos el creciente interés de los grandes grupos editoriales por el mercado del libro en catalán.

George R. R. Martin, en la Biblioteca Jaume Fuster en el 2008 / FOTO FERRAN NADEU
George R. R. Martin, en la Biblioteca Jaume Fuster en el 2008 / FOTO FERRAN NADEU

Por un lado, la crisis de lectura, de compra y de todo hace que resulte interesante aprovechar hasta la más pequeña fracción del mercado y explotar las dos versiones de los grandes best-sellers. Por el otro, la fracción no es tan pequeña: un libro del que se publiquen simultáneamente las traducciones al catalán y el castellano puede vender en catalán entre el 5% y el 15% de las ventas totales en España.

Por un lado, una buena noticia para salud de la lengua. Por el otro, un reto para los tradicionales editores en catalán, y para la posición dominante del Grup 62. Añadamos un tercer elemento.  ¿Y si los grandes éxitos de venta de rentabilidad casi asegurada dejan de apuntalar los resultados de editores en catalán y de subvencionar la publicación de autores locales, noveles, en formación o consagrados en horas bajas? ¿Quien opte por publicarlos, acompañará esta apuesta con la edición de obras escritas originalmente en catalán, o concebidas en paralelo en las dos lenguas? Veremos.
Una de las operaciones que entonces estaban en el alero era la edición en catalán de la serie Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. Finalmente, Gigamesh proseguirá con la edición en castellano para España, Random House Mondadori se queda con América Latina y Alfaguara publicará la serie en catalán, empezando por Joc de trons (objeto de una desafortunada traducción hace cinco años de la que estas semanas aún han coleado los últimos ejemplares), siguiendo por las tres siguientes entregas publicadas ya en castellano y prosiguiendo con A Dance with Dragons la próxima primavera.
¿Por cuánto sale la operación? En Westeros, el mundo épico creado por Martin,  cuentan en dragones. Aquí, en euros, y con bastantes ceros. Una editora catalana confesaba que se había apeado de la puja cuando había llegado a los 100.000 euros por los cinco primeros libros. Una de las mayores operaciones en catalán en todo el año pero una cantidad recuperable vendiendo unos 10.000 ejemplares de cada título, calcula un competidor. Cosa de la que por cierto duda.
Los conocedores del mercado del libro en catalán saben que no hay dos públicos lectores estancos, y sobre todo que casi no hay lectoers exclusivos en catalán. El libro en catalán pesca en una amplia franja intermedia de lectores que alternan las dos lenguas, libro a libro, en función de infinidad de factores. Quizá el 23 de noviembre ya se hayan vendido en castellano todo los juegos de tronos que se debían vender en Catalunya. O quizá no.
La primera portada de Alfaguara juega con la imagen televisiva de Sean Bean, opción que no estará aún disponible en las siguientes entregas que se publicarán de aquí a la primavera. Quizá una buena portada no pensada solo para los fans de lo fantástico (ese es el aire de las de Gigamesh, a pesar de que el gran qué de Martin es haber dado el salto a un público más general, con más elementos de El Padrino con espadas que de dragones y brujería) ayude a  seguir ampliando el público de seguidores de esta saga. O quizá el juego de verdad llegue con el sexto, el séptimo y el casi seguro octavo volumen, en los que el catalán llegará a tiempo y con la serie de TV convertida ya en un clásico) y los cuatros primeros sean solo el peaje a pagar, más en dragones virtuales que en euros contantes y sonantes.