Seth y el coleccionista de tebeos

Gregory Gallant, Seth.

Gregory Gallant, Seth para amigos y lectores, se define a sí mismo con muchos adjetivos: viñetista, ilustrador, diseñador de libros, coleccionista, miniaturista, melancólico, narcisista, tecnófobo, sentimentaloide, troglodita, alarmista, balbuciente y blandengue. Es canadiense y amigo de Chester Brown, el autor de uno de los mejores cómics publicados en España el año pasado: Pagando por ello. Seth aparece como personaje en la obra de Brown, y Brown, en alguna de las de Seth. Es una persona algo curiosa, que viste habitualmente como si se hubiera escapado de los años 30 del siglo pasado. Pero es también un autor de gran talento y un ilustrador de prestigio, que ha dibujado para publicaciones como The Wall Street Journal, The New York Times o la revista The New Yorker.

La editorial Sins Entido acaba de publicar esta semana Wimbledon Green, la historia del mayor coleccionista de cómics del mundo. Los cómics clásicos americanos, los de la llamada Edad de Oro, son una de las pasiones de Seth y protagonizan varias de sus obras. Los tebeos y autores que se mencionan son inventados pero reflejan los gustos y pasiones del propio autor. Pero no son solo los tebeos: el pasado en general obsesiona a Seth, que siempre nos recuerda que cualquier tiempo pasado fue mejor… aunque normalmente no sea un tiempo pasado real, sino uno que él mismo se inventa.

Seth define el cómic en la introducción como una broma, como un experimento en el que a través de diversas historias inconexas se acaba construyendo una historia larga. Un experimento que funciona y cuya estructura utilizó también para su siguiente obra, George Sprott (publicada por Mondadori en 2009). En la mayoría de páginas de Wimbledon Green parece que estemos viendo un documental sobre la vida del protagonista. Nadie sabe exactamente de dónde salió Green ni cómo llegó a conseguir una de las colecciones de cómic clásico más importantes del mundo, pero todo el mundo quiere hablar sobre él. A través de las opiniones de amigos, conocidos y rivales en el mundo del coleccionismo, que nos hablan como si estuvieran hablando directamente a cámara, vamos construyendo una imagen de quién es el protagonista.

Junto a estos testimonios, Seth introduce algunas secuencias delirantes en las que Wimbledon Green compite con otros coleccionistas para hacerse con piezas valiosas para su colección. Green se convierte en una suerte de detective millonario, que resuelve conspiraciones y encuentra tesoros gracias a su astucia, a sus recursos económicos y a su amplia red de colaboradores y sirvientes. Hay también una trama sobre la desaparición de una gran colección de tebeos, en la que Green parece tener alguna implicación. Mezclando estos pasajes de acción y aventura con los bustos parlantes que hablan del protagonista y con escenas del pasado, Seth consigue dar ritmo al cómic y que le funcione ese ejercicio de construir una historia coherente a partir de pequeños retazos.

Una página de 'Wimbledon Green'.

El álbum es de pequeño formato, del tamaño aproximado de una cuartilla, y también son pequeñas las viñetas: la fragmentación de la historia que pretende probar el autor se traslada también a la estructura formal. Es rara la ocasión en que Seth no mete por lo menos 15 o más viñetas en la página. Para ser un simple ejercicio realizado en un cuaderno en los momentos que tenía libres, hay mucho trabajo detrás de él. Aunque el mismo Seth lo venda en la introducción como una obra menor, no lo parece: nos dice que el dibujo es básico, que la rotulación es torpe y que los personajes son burdos. También nos habla de Chris Ware como inspiración para la estructura de este cómic: si ese es el listón, es normal que crea que Wimbledon Green es muy básico. Ware es uno de los dibujantes más detallistas, imaginativos e innovadores que existen. Casi cualquier cómic, al lado de uno de los suyos, parece que esté hecho en cinco minutos. También en George Sprott recurría a la disculpa por las carencias en la narración, así que mejor tomarlo como algo impostado y no hacerle demasiado caso.

Pero sí es cierto que, si este tebeo es una muestra de lo que Seth es capaz de producir cuando no le dedica toda su atención a lo que está haciendo, qué no podrá hacer cuando se dedique plenamente a ello.