Angulema, Jerusalén, Japón, Madrid

Crónicas de Jerusalén, de Guy Delisle

El Festival Internacional del Cómic de Angulema de este año ha terminado. Y el premio al mejor álbum, el fauve d’or, se lo han llevado las Crónicas de Jerusalén del canadiense Guy Delisle. El cómic, editado en España el mes pasado, ofrece la visión personal del autor de su vida durante un año en Jerusalén. Está lleno de anécdotas y situaciones de la vida cotidiana enrarecidas por la difícil situación que se vive en el país: así son los tebeos de Delisle, son los ojos del extranjero ante una cultura que le resulta algo extraña. Lo hizo con la delirante Corea del Norte de Kim Jong-Il en Pyongyang, su mejor obra. También con el experimento chino de la “economía socialista de mercado” en Shenzhen. En ambos casos, Delisle se trasladó a los países para supervisar el trabajo de estudios de animación que subcontrataban en Oriente la mano de obra y su estancia le inspiró a dibujar un cómic. Repitió la apuesta con las Crónicas Birmanas: en este caso, su papel era el de pareja de una cooperante de Médicos sin Fronteras. La estructura es siempre la misma: Delisle recopila anécdotas, detalles, conversaciones, momentos curiosos y los hilvana en una panorámica muy personal del país.

Crónicas de Jerusalén no es la mejor de sus obras. Quizá por ser la cuarta vez que repite la fórmula, quizá porque sabemos mucho más de Israel que de Corea del Norte o porque, cuando Delisle viaja, ya sabe que de esa experiencia va a salir un álbum y eso le resta frescura. Pero sigue siendo gran cómic: divertido, fácil de leer, que no se queda en la pura anécdota y que siempre intenta ir algo más allá, transmitir al lector algo de lo que aprendió el autor sobre el país. Guy Delisle se merece el premio.

Una página de 'Aventuras de un oficinista japonés'

En Angulema también ha estado estos días, firmando sin parar, José Domingo. Es el autor de uno de los mejores cómics de 2011: Aventuras de un oficinista japonés, un álbum de gran formato que se ha editado conjuntamente para el mercado francés y para el español.  La premisa es sencilla: un oficinista japonés sale del trabajo y se dirige a su casa. Pero no lo tendrá fácil: en su camino se cruzarán todo tipo de accidentes y situaciones absurdas que dificultan su avance. Extraterrestres, sectas, demonios, asesinos en serie, brujas, yetis, mafia japonesa, bandas de ladrones… todo se alía para retrasar la llegada del pobre hombre a su hogar. Son más de 100 páginas de aventura delirante y sin pausa, en la que no hay ni una sola palabra: es un cómic mudo, sin diálogo, pero en cada viñeta pasa tal cantidad de cosas que la lectura cunde como si estuviera cargado de texto. O incluso más.

La estructura, excepto en un par de ocasiones, es fija: cuatro viñetas en cada página en las que vemos al oficinista en el centro, en perspectiva, avanzando hacia la parte inferior. Y, a su alrededor, detalles y más detalles. Algunos intervienen directamente en la acción de ese momento, otros vienen de páginas anteriores y algunos intervendrán en escenas posteriores. Podemos leer el cómic varias veces y siempre acabaremos encontrando chistes ocultos que nos arrancarán una sonrisa. Un experimento genial, cuidado en el exterior y en el interior.

Y en Angulema también ha habido espacio para la polémica, en este caso sobre la exposición dedicada a los autores españoles, titulada ‘Tebeos’. Aparte del cansino “por qué está tal autor y yo no” que se puede leer en las redes sociales, el diario Público informaba el sábado de que Teresa Lizaranzu, nueva directora general de Políticas e Industrias Culturales y del Libro, decidió no desplazarse a Francia y ni siquiera avisó a los responsables de la exposición. Se apuntaba además a ciertos problemas con la reproducción de las viñetas que deslucían la exposición, debido a la falta de presupuesto.

La realidad es que Lizaranzu se ausentó de la cita debido a que tuvo una intervención parlamentaria y avisó con toda la antelación que fue posible al responsable de la exposición, Álvaro Pons. Además, la subdirectora general y otros tres representantes del ministerio estuvieron presentes en la inauguración de la muestra. Y que los problemas de reproducción de algunas páginas expuestas, achacables a un error de imprenta, se corregirán sin coste alguno cuando ‘Tebeos’ se convierta en exposición itinerante.

Álvaro me cuenta que la relación con el ministerio es fluida y que están contentos con el resultado final de la exposición. Una exposición que, además, ha sido un éxito: salones de Italia, Francia, Japón, Alemania o Portugal se han mostrado abiertos a acogerla. Editores de todo el mundo se han interesado por autores españoles gracias a la muestra. Y el público ha respondido muy favorablemente, llenando el espacio de exposición.

Sobre el presupuesto, Pons ha estado seis meses trabajando duro para preparar la exposición: si el ministerio no ha dedicado más dinero para que la exposición fuera mejor, tienen más culpa los anteriores responsables de Cultura que los actuales, ya que son quienes asignaron el dinero. De todos modos, lo importante es que el público que asistió a Angulema viera la cantidad de buenos autores que hay en España y ese objetivo, por lo menos, parece que se ha conseguido. Y con creces.