Nadal, un abanderado incuestionable

Nadal, en Roland Garros. Foto: EFE/ Ian Langsdon

Nadal, en Roland Garros. Foto: EFE/ Ian Langsdon

Nadie puede dudar de los méritos de Rafael Nadal para ser el abanderado olímpico español en los Juegos de Londres. No se puede discutir esa elección ante el palmarés del mejor deportista español de la actualidad y posiblemente de la historia de este país. A sus 26 años ya ha ganado 11 Grand Slams, con el récord de siete Roland Garros, además de dos Wimbledon, un Open de EEUU y un Abierto de Australia. En su cuello se ha colgado ya el oro olímpico en Pekín 2008, ha levantado la Copa Davis en tres ocasiones y ha sido número 1 mundial durante más de 100 semanas.

Los méritos son tan indiscutibles como incuestionables. No hay deportista que pueda ser más conocido a nivel mundial y querido por los mismos deportistas que competirán a su lado. Otra cosa es que su elección se haya tomado olvidándose, a la primera ocasión, de la normativa creada por el propio Comité Olímpico Español que en su día decidió que el abanderado debía ser el deportista español con más éxitos olímpicos.

España no es el único país que ha optado por un tenista para llevar su bandera. Junto a Nadal también tendrán ese honor el suizo Roger Federer, el serbio Novak Djokovic y la rusa Maria Sharapova. Ninguno de ellos atesora demasiado espíritu olímpico en sus venas. La actual reina del tenis femenino se marchó de su país a los seis años y durante bastante tiempo estuvo negociando la posibilidad de acogerse a la ciudadanía estadounidense. Sharapova, además, ha tenido que jugar este año por primera vez la Copa Federación con Rusia para poder participar en los Juegos. Pero la profesionalización del olimpismo que proclamó Juan Antonio Samaranch ha hecho grande el espectáculo de los Juegos y las estrellas que más brillan no son lanzadores de peso, ni desconocidas gimnastas. Quizás estaría bien que en estos tiempos de crisis, como ya ha propuesto Pau Llorens, exvicepresidente de la Federación Internacional de Tenis, al Comité Olímpico Internacional, de que las federaciones solo puedan seleccionar para los Juegos a aquellos deportistas que paguen sus impuestos en el país que representan. Seguro que entonces no habría tantos deportistas dispuestos a llevar su bandera o incluso a competir por su país.