La historia del “espagnol dopé”

Viene bien darle un cierto sentido al humor y recordar alguna historia más o menos simpática entre lo que podríamos considerar como viejas batallas entre tribus francesas y españolas, sobre todo hoy en día cuando algunos ánimos todavía están un poco alterados. Esta historia se podría denominar como la del espagnol dopé y tiene como protagonistas a uno de los más grandes ciclistas de todos los tiempos, Bernard Hinault, y el que podríamos denominar como uno de los más constantes esforzados de la ruta de los años 80, el corredor asturiano, aunque con mucho arraigo cántabro, José Ángel Sarrapio.

 Hay que situarse en la máquina del tiempo y remontarse al año 1984, en una primera mitad de década en la que Laurent Fignon e Hinault habían decidido que no se pusiera el sol en el imperio ciclístico francés. Eran los dominadores del Tour. Era una pareja irreconciliable en una época en los que el ciclismo español volvía a asomar internacionalmente gracias, sobre todo, a un equipo Reynolds que de la mano de Ángel Arroyo y Pedro Delgado comenzaba a asombrar en las carreteras francesas. Las aspiraciones de Sarrapio eran menores pero no menos importantes para él. Era un reclamo para coronar con éxito una fuga en solitario aunque no era recomendable escaparse con él porque de lo contrario te levantaba la camisa. Y si no que se lo pregunten a Jean-Claude Bagot (décima etapa del Tour de 1986). 60 kilómetros en fuga, los últimos 20, con Sarrapio agotado, tirando el francés. Sin embargo, con la emoción de la llegada el bravo asturiano recuperó las fuerzas, sobrepasó a su rival y le arrebató la victoria.

 En la París-Niza de 1984 hacía un frío terrible. Los prados estaban nevados y no era la primera etapa, cerca de la capital francesa, recomendable para andar en bici; tal vez, mucho mejor, quedarse en casa con la chimenea encendida. Todos muy bien abrigados. Hinault, al frente de La Vie Claire, quería tumbar el maleficio que siempre le persiguió en la Carrera del Sol. Aquel año solo consiguió subir al podio en la posición más baja.

 Todos se presentaron a la salida con lo mejor de su vestuario invernal, tapados de pies a cabeza. ¿Todos? Todos, no. Sarrapio como si estuviera en pleno mes de julio dispuesto a superar las más altas temperaturas del Mediodía francés; en manga corta, como si el frío no fuera con él. La frase fue pronunciada por Hinault. Y la escuchó perfectamente Sarrapio. “Espagnol dopé”. Le llegó al alma. “¿Dopé? ¿dopé? Te vas a enterar, ¡macho!”… Si tenía frío –él que estaba acostumbrado a entrenar con la dureza del Cantábrico—se le fue de repente. Se dio la salida. “Espagnol dopé, espagnol dopé”. La frase se la repetía Sarrapio una y otra vez. No tardó ni un par de kilómetros en reaccionar. Y el supuesto español dopado, según la definición de Hinault, atacó, en solitario, como era su costumbre. Contra más frío, mucho más indignado se sentía, por lo que comenzaron a caer los minutos, uno detrás de otro. Hinault ni se inquietó. No lo hizo ni con tres, ni con seis, ni con 12, ni con 15 minutos… Pero, atención, la situación ya parecía insostenible. La diferencia en la meta podía ser escandalosa y una invitación incluso a que Sarrapio diera la sorpresa y se llevara la victoria final. “Primero fueron un par de gregarios de Hinault los que pusieron un ritmo digamos que discreto”. Ocurrió cuando la diferencia ya era abismal. A Sarrapio lo avisaron desde el coche auxiliar del Teka. Seguía indignado por lo de espagnol dopé, así que inclinó la cabeza, bajó piñones y sacó las últimas fuerzas que le quedaban.

 Hinault cada vez estaba más nervioso. Si primero fueron dos, luego pasaron a tres, cuatro, cinco, seis y al final los siete gregarios que llevaba tiraban como locos, como si les fuera la vida. Dicen que hasta se recuerda algún relevo de Hinault. Sarrapio fue capturado a poco de la meta pero obligó a todo el equipo La Vie Claire a quitarse las prendas de abrigo y acabar sudados y con vestuario veraniego. El supuesto espagnol dopé había retado al emperador francés. No triunfó Sarrapio pero se sintió feliz aunque se ganó la enemistad eterna de Hinault

@sergi_lopezegea