El modelo Barça

 

Pep Guardiola, en Zúrich.  (AP / M. PROBST)

Pep Guardiola, en Zúrich. (AP / M. PROBST)

Mucho se está hablando en los últimos tiempos del modelo Barça, sobre todo desde que el equipo, a las órdenes de Pep Guardiola, no para de ganar. En los últimos tres años, tres años y medio, se está imponiendo la idea de que las estrategias del club azulgrana son las que dan mejor resultado y las que, a la larga, garantizan un equipo triunfador. No hay un sistema mejor. Un equipo cimentado en el mimo por la cantera, con fichajes contados solo en posiciones que andan cojas, y con un sistema de juego entroncado en el ADN azulgrana y basado en el respeto por el balón, el talento individual, el juego de equipo y una insobornable voluntad ofensiva. Imbatible.

Sucede a veces, sin embargo, que ni con todos estos ingredientes se puede garantizar la victoria. El Barça de los 13 títulos sobre los 16 posibles, de los balones de oro, el que copa las alineaciones ideales del FIFA World Player, el de los récords y el que es firme aspirante a erigirse en el mejor equipo de la historia, cedió el domingo en Cornellà su cuarto empate fuera de casa que, unida a la derrota sufrida en Getafe, han llevado al conjunto de Guardiola a situarse a cinco puntos del Madrid, un líder que cada vez parece mas enchufado en la Liga. Un título, pues, que se aleja peligrosamente y que da argumentos a los máximos rivales para que insistan en su teoría de ‘cambio de ciclo’.

Y ahí entra en juego el otro modelo Barça, el de fuera del terreno de juego, el que queremos destacar en estas líneas. El equipo está en peligro, el título que mejor premia la regularidad se aleja y lo hace tras un partido ante el Espanyol intensísimo, vibrante y que se decide después de que los jugadores del Barça estrellaran tres disparos en la madera y, sobre todo, que el árbitro dejara de señalar un penalti catedralicio por manos de Raúl Rodríguez a falta de solo un minutito para el final del partido. Y sale Guardiola a la sala de prensa y asegura que del árbitro ni hablar, que bastante tienen los colegiados con su difícil trabajo y que el Barça lo que tiene que hacer en centrarse en mejorar lo que no ha hecho bien y en trabajar en lo que realmente puede incidir, que es su forma de jugar. Y sale el presidente, Sandro Rosell, y asegura que si el árbitro no ha pitado penalti, pues no ha sido penalti. Y salen los jugadores y apenas prestan atención a una jugada tan decisiva del partido, a pesar de que el propio Raúl Rodríguez reconoce que sintió cómo el balón le había dado en la mano.

Este es el modelo Barça que también merece balones de oro y reconocimiento generalizado. Tan alejado de aquel otro que incide constantemente en las injusticias arbitrales, las conjuras federativas, el oscuro tráfico de influencias i mil teorías conspiranoicas más que nos llegan a menudo desde otras latitudes. Tan alejado de aquellos que buscan constantemente pretextos para disfrazar su propia ineptitud o para presionar al contrario. Nosotros preferimos, por lo que tiene de deportivo, justo y adecuado, este modelo más cercano, este modelo Barça que se impone dentro y fuera del campo de la mano de Guardiola.