Un ‘Parsifal’ mágico e inaudito

Los intérpretes de la versión historicista de 'Parsifal', en el Teatro Real, el 29 de enero. JAVIER DEL REAL / TEATRO REAL.Nunca sabremos con exactitud cómo sonaba la música en el pasado. Nikolaus Harnoncourt fue uno de los pioneros en intentar reproducir los sonidos originales. El barroco y el clasicismo cuentan ya con un amplísimo catálogo de obras interpretadas con instrumentos recuperados o reconstruidos en busca de una sonoridad que se perdió con el avance de la técnica en la construcción de instrumentos, del genio creador de los compositores y de la aparición de nuevas salas y auditorios de dimensiones cada vez mayores.

Esta búsqueda historicista llega ahora a Richard Wagner en el año del bicentenario de su nacimiento.

El Teatro Real presenta Parsifal, el gran testamento musical del compositor alemán, de la mano del director Thomas Hengelbrock al frente del Coro y Ensemble Balthasar-Neumann en una coproducción con el Konzerthaus Dortmund y la Philarmonie Essen. Y lo hace en versión de concierto con instrumentos originales reconstruidos, muy parecidos a los utilizados en el estreno de la obra, en 1882, que dirigió el mismo Wagner.

El compositor tenía la manía de escribir y tomar notas de todo. Esta facilidad para dejar en papel lo que pensaba permite conocer cómo Wagner concebía el sonido asociado a cada instrumento concreto como explica Minkus Teske en un muy documentado artículo publicado el programa de mano. En la búsqueda de la perfección sonora Wagner contaba con la amistad del constructor de instrumentos Wilhelm Heckel.

Simon O'Neill (izquierda) y Thomas Hengelbrock, en la interpretación de 'Parsifal' en el Teatro Real, el 29 de enero. JAVIER DEL REAL / TEATRO REAL.Al compositor, por ejemplo no le gustaban las flautas traveseras con perforación cilíndrica que París puso en boga hacia mediados del siglo XIX. Consideraba que no se correspondía con su opinión de que la flauta debía tener un carácter delicado, dulce y suave. Por ello prefería un tipo de flauta más antigua. El oboe es otro instrumento que sonaba distinto en su época a como suena hoy. Y tampoco le gustaba el sonido débil del corno inglés, de modo que mandó construir uno especial con un registro grave.

A Wagner tampoco le satisfacían algunos instrumentos de metal. En la percusión tuvo grandes dificultades para reproducir el sonido cristalino de las campanas. En cuanto a la cuerda, no sonaba muy distinta a como lo hace en nuestros días, pero no alcanzaba el volumen sonoro que consigue hoy.

Según escribe Teske, el objetivo de esta investigación musical no es el de “conseguir una reconstrucción lo más fidedigna posible al estreno de Parsifal, sino más bien que la estética del sonido de Richard Wagner constituya la idea conductora para la comprensión de la obra”.

El resultado es efectivamente una aproximación distinta a Parsifal. El espectador no se ve avasallado por el volumen y la potencia orquestal habituales. El sonido es aterciopelado, envolvente y, tratándose de una versión de concierto, permite centrar la atención en esta forma distinta de servir la música de Wagner.

Donde quizá más se nota la diferencia es en los varios momentos en que las campanas adquieren protagonismo. La solución adoptada para aproximarse a los deseos del compositor es una combinación de campanas laminadas, gongs de Java con una afinación grave y gongs de Tailandia con afinación aguda. El resultado, pura mística.

Una última diferencia con el Parsifal a que estamos acostumbrados es el tempo, más rápido en este caso.

Este experimento cuenta además con un reparto de primerísimo orden aunque Simon O’Neill en el papel protagonista resultó irregular, al menos en la segunda representación (31 de enero). Por el contrario, Matthias Goerne trasmitió a la perfección aquel dolor tremendo de Amfortas, mientras Gurnemanz fue interpretado por Kwangchul Youn, un monumento a la calidad y a la solidez interpretativa.

Angela Denoke tuvo que cancelar su participación el día del estreno por una dolencia (cantó Anna Larsson en su lugar), pero el 31 ahí estaba, perfectamente recuperada salvo en algún momento particular en el segundo acto. Siendo como es esta soprano, además de buena cantante una excelente actriz, se notaba que la versión de concierto le quedaba pequeña. Completaban el reparto Johannes Martin Kränzle (Klingsor) y Victor von Halem (Titurel).

El Coro y Ensemble Balthasar-Neumann son dos creaciones de Hengelbrook y se nota el total entendimiento que hay entre ellos. El coro infantil era el madrileño Pequeños Cantores de la JORCAM que, a diferencia del día del estreno, en la segunda representación estaban algo desconcentrados.

Mención aparte merecen dos solistas del coro de niños de la Academia de coro de Dortmund en el papel de dos escuderos. Si los ángeles existen, seguro que no cantan mejor que este par de criaturitas.

Teske en su texto califica la magia sonora de este Parsifal de ¡una experiencia inaudita!”. Efectivamente, lo nunca oído, al menos por nosotros.

PS. Acabo de saber que nos ha dejado Agustí Fancelli, un sabio de la música y del periodismo. Creo que le hubiera gustado este Parsifal y que además nos lo habría ilustrado con su sabiduría que tanto añoraremos.