Tirar el dinero por la ventana…

El teatro de la Ópera de Lyon, renovado por Jean Nouvel.

El teatro de la Ópera de Lyon, renovado por Jean Nouvel.

A Napoléon le gustaba mucho la ópera. Bueno, no está claro si lo que le gustaba era escucharla y verla o que le vieran a él. El caso es que dicen que dijo que en la ópera se tira el dinero por la ventana, pero…  se recupera por la puerta.

Lo recordaba el sábado Serge Dorny, el director de la Ópera de Lyon, en una entrevista realizada durante un entreacto de la retrasmisión televisiva de Il Trittico (Il tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi) de Giacomo Puccini. Y Dorny sabe muy bien de lo que habla.

Un estudio dado a conocer a finales del pasado año sobre la Ópera de Lyon revela que por cada euro de subvención recibido, el teatro genera 0,80 céntimos de impacto económico a través de los espectadores (con reservas hoteleras, restaurantes y demás actividades comerciales) y 2 euros de impacto económico de la institución dando vida a los proveedores locales. Es decir, cada euro genera un retorno de 2,80 euros.

Con un presupuesto de 38 millones de euros (ocho menos que el del Liceu), el teatro lionés recibe 28 millones en subvenciones de los que el 60% los aporta el ayuntamiento; el 20%, el Estado; el 10%, la región Ródano-Alpes, y el 10% el departamento del Ródano.

El estudio desmonta el prejuicio generalizado de que las instituciones culturales que viven básicamente de subvenciones no son rentables. La cultura, y en este caso la ópera, pagan.

En plena crisis del Liceu, eso es algo que no deberían olvidar nuestras administraciones más próximas en vez de manifestar desidia, reticencia y en algunos casos desdén, hacia un teatro que es una de las escasísimas instituciones culturales de reconocido prestigio, dentro y fuera de nuestras fronteras, que tenemos en Barcelona y en Catalunya.

Ahora bien, el impacto económico que genera la ópera no se produce por arte de magia ni de forma automática. Los buenos resultados son obra de las personas adecuadas para los puestos que ocupan. En el caso de Lyon, la figura de su director general, Dorny, es fundamental. Este belga de 50 años, llegó a la ciudad del Ródano y el Saona en el 2003 y lo hizo con un proyecto para el teatro, pero para el teatro dentro de la ciudad, debajo del brazo.

La ópera lionesa es una institución viva que acoge actividades y públicos muy distintos, dentro y fuera de las paredes del edificio renovado por Jean Nouvel, en el marco de un programa de desarrollo sostenible.

En el terreno estrictamente operístico es capaz de coproducir Le Nez  , de Shostakovich, con un gigante como es el Metropolitan de Nueva York o de hacer una pirueta inteligente con el tríptico pucciniano citado al principio. El teatro ofrece la posibilidad de ver juntas las tres óperas breves que lo forman o de ver cada una de las tres emparejada con óperas también breves de compositores contemporáneos de Puccini, en un diálogo entre la ópera italiana y la germánica. 

Así Il tabarro forma programa con Von Heute auf Morgen, de Schonberg, que también trata de la infidelidad; Suor Angelica va de pareja con Sancta Susanna, de Paul Hindemith, ambas sobre la represión del deseo, protagonizadas por monjas desequilibradas.

Gianni Schicchi va de la mano con Una tragedia florentina, de Zemlinsky (¡una de las óperas víctima de los recortes impuestos por la dirección del Liceu!), y lo que une a estas dos obras aparentemente muy distintas es la presencia de la muerte en la ciudad de Florencia, una ciudad que es sinónimo de refinamiento. ¡No está nada mal la pirueta!

Igual no estaría de más que, dadas las actuales y lamentables circunstancias,  alguno de los paganos del Liceu llamara por teléfono a Monsieur Dorny para conocer su disponibilidad.