Acostumbrado a ganar siempre, Valero Rivera, pensaba que volvería a colar otro gol. Así había sido durante su gloriosa época en el ‘dream team’, donde sus éxitos deportivos habían ocultado controvertidas decisiones personalistas y así había sido desde que Juan de Dios Román, tras acceder a la presidencia de la Federación Española de Balonmano en diciembre del 2008, le eligió como seleccionador. Nadie había aireado el conflicto ético que generaba el hecho que compatibilizara su cargo con su agencia de representación de jugadores. Pero, tras la convocatoria para los Juegos Olímpicos (en la que 8 de los 18 preseleccionados , incluido su hijo, son clientes suyos), este periódico consideró que el técnico le había querido dar tanto efecto al balón que se había pasado de rosca.
Seis días después de que este diario rompiera el silencio sobre un tema que parecía tabú, Valero ha decidido hablar. No ha negado su pluriempleo, que ya había autorizado Román sin rubor, y solo se muestra extrañado de que hubiera salido ahora esta información. «Me sorprende que salga ahora y no hace tres años y medio».
DE 4 A 8 CLIENTES EN CINCO MESES
Si ha salido ahora es porque ha pasado de llevar cuatro representados en el Europeo de Serbia a preseleccionar a 8 para los Juegos Olímpicos, la cita más importante para un jugador de balonmano. Si ha salido ahora es porque se ha cargado a tres pesos pesados -Juanín García e Iker Romero (primer y segundo goleadores históricos de la selección) y Alberto Entrerríos (cuarto)- para dar entrada a clientes de Valero Rivera Asesoramiento Deportivo. Tres jugadores que le han acompañado durante todo el ciclo olímpico y que cuesta entender que fueran piezas claves en el que equipo que llegó hace solo cinco meses a las semifinales del Europeo y que ahora, de repente, ya no sirvan. Si ha salido ahora es porque Juanín, ‘pichichi’ de la selección y mejor extremo de la Asobal, se pasará el verano en León viendo como dos representados de Rivera, Cristian Ugalde (suplente de Juanín todo el año en el Barça) y Valero Rivera Folch (hijo del seleccionador que, con 27 años, no ha jugado ni un gran torneo), ocupan su lugar en Londres. “En la selección pasan cosas raras. Mi ausencia no es 100% por motivos deportivos”, reconocía Juanín, uno de los pocos que se ha atrevido a decir públicamente lo que el mundo del balonmano hace tiempo que murmulla.
Pese a que en la entrevista con rosca se apunta que Rivera había puesto su empresa en las manos de su “socio”, la realidad es que Pedro Pérez (que aparece con el cargo de colaborador en la web de la empresa) negocia siempre en nombre del técnico y el seleccionador sigue llamando directamente a jugadores y clubes. Muchos saben que no están en la selección porque no le tienen de representante mientras que algunos clientes suyos, descontentos desde hace tiempo con su forma de actuar, esperan a que deje el cargo después de los Juegos para cambiar de agente. Ajeno a todo ello, Rivera cree que una medalla olímpica taparía toda la indignación. «Al final solo vale si hemos ganado o hemos perdido». Se gane o se pierda, hay que acabar con la cultura del todo vale.














