Ópera muy actual

Ekaterina Scherbachenko (Iolanta) y Pavel Cernoch (Vaudémont). TEATRO REAL / JAVIER DEL REAL.

Ekaterina Scherbachenko (Iolanta) y Pavel Cernoch (Vaudémont). TEATRO REAL / JAVIER DEL REAL.

Lo que viene a continuación puede ser de interés para todos aquellos que consideran que la ópera es una antigualla del pasado que nada tiene ver con el avanzadísimo mundo altamente tecnificado del siglo XXI.

Peter Sellars, que en otro tiempo fue el gran enfant terrible de la puesta en escena, cuya capacidad de incomodar al público ha sido ampliamente superada por otros, pero no así su inteligencia, tuvo la buena ocurrencia de presentar juntas dos óperas relativamente cortas de dos compositores rusos, Iolanta, de Piotr Chaikovski, y Perséphone, de Igor Stravinski. El reto fue asumido por el Teatro Real de Madrid, en coproducción con el Teatro Bolshoi de Moscú, que las acaba de representar bajo la dirección musical de Teodor Currentzis.

¿Qué nos cuentan estas dos óperas que puedan interesarnos hoy? Pues mucho y bueno. Iolanta (Ekaterina Scherbachenko) es la hija del rey René de Provenza (Dmitry Ulianov) que ha nacido ciega, pero ella no debe saberlo. Para mantenerla en la ignorancia absoluta sobre su realidad y sobre el mundo, su padre construye una burbuja a su alrededor en la que no se puede hablar de la belleza o de la luz. Es decir, no se puede hablar de la verdad. Es un mundo de oscuridad y de mentira.

Gracias a la intromisión del joven Vaudémont (Pavel Cernoch) en este paraíso

Ekaterina Scherbachenko (Iolanta). TEATRO REAL / JAVIER DEL REAL.

Ekaterina Scherbachenko (Iolanta). TEATRO REAL / JAVIER DEL REAL.

 cerrado y ficticio Iolanta descubre la realidad. El amor que nace entre ambos lleva al final a la curación de la joven. El médico árabe Ibn-Hakia (Willard White) ya le había dicho al padre que la curación debe pasar por el conocimiento y por el deseo de sanar y le explica al padre su gran error:  

“Tú, cegado por un falso pensamiento / querías ocultar su infortunio / pero ya ves que ha sido imposible / esconder la idea de la luz. / ¡Fue un error, créeme, no se puede ocultar la verdad para siempre…”

Trasladando la historia y la moraleja a nuestros días, ¿no vivimos inmersos en una crisis que no parece tener padre ni madre más allá de unos anónimos mercados? ¿No nos están diciendo que solo hay una única solución? Por citar un ejemplo de ahora mismo, no es amistad profunda que Angela Merkel haya entrado con gran artillería en la campaña electoral de Nicolas Sarkozy para darle su total apoyo de una forma que el semanario Der Spiegel ha calificado de “lo nunca visto en la historia de la República Federal”.

No está nada claro que Sarkozy gane las presidenciales. Y la posibilidad de que lo haga el socialista François Hollande mandaría al traste toda la arquitectura unidireccional elaborada por la cancillera para superar la crisis que solo ve la solución en la máxima austeridad. La izquierda francesa pone nombre y apellidos a los padres de la crisis y tiene un programa para la recuperación económica muy distinto al de la pareja Merkozy. Se dirá que el plan de la izquierda francesa no se ha probado, pero el del dúo franco-alemán ¿funciona?

Volvamos a la ópera. Perséphone en realidad no es una ópera. Es una

Tres bailarinas camboyanas en 'Perséphone'. TEATRO REAL / JAVIER DEL REAL.

Tres bailarinas camboyanas en 'Perséphone'. TEATRO REAL / JAVIER DEL REAL.

combinación de canto, danza y poesía basada en un trabajo de André Gide quien a su vez recurrió al Himno Homérico a Deméter. Si Iolanta era el viaje de las tinieblas a la luz, la obra de Stravinsky va de la luz a la oscuridad para volver a la luz. Narra el descenso de Perséphone a los infiernos y su regreso a la tierra. “A un periodo de oscuridad, esterilidad e invierno, sucede la luz, la creación, la primavera”, escribe Soledad Puértolas en el programa, definiendo así el ciclo de la vida.

O sea, que hay esperanza, una esperanza que Sellars lleva al escenario gracias a la participación de unos bailarines camboyanos que son la viva imagen del regreso de entre los muertos, “una imagen de resurrección”. Y es así porque en la locura criminal en la que vivió Camboya bajo el régimen de Pol Pot (entre dos y tres millones de camboyanos fueron torturados y asesinados), desapareció el 90% de los componentes de la compañía real de danza y todos sus bienes fueron destruidos. Solo años después, cuando Camboya regresó del infierno, se pudo reconstruir empezando prácticamente de cero la danza de aquel país.

Tanto en Iolanta como en Perséphone hay, como en la vida misma, un elemento sin el que nada es posible al que podemos llamar gente, pueblo o ciudadanía. Dice Sellars que una de las cosas más emocionantes de la ópera es poder sacar a escena un coro como el griego, “recuperar la idea de una comunidad que se reúne: organizada y no aleatoria, y capaz de pronunciar algo bellamente concebido, articulado y realizado”.