“Nadie ha cantado como tú Kundry, Brünnhilde o Isolde”, los tres papeles más duros que Richard Wagner compuso para soprano. Quien escribió tal elogio fue el nieto del compositor, Wieland Wagner, y la destinataria era Martha Mödl, una de las más grandes cantantes wagnerianas de la historia convertida en figura emblemática del Nuevo Bayreuth, el festival reabierto en 1951 tras la obligada desnazificación. Para muchos wagnerianos barceloneses, la Mödl era la Valquiria por antonomasia.
Este año se celebra el centenario de su nacimiento y la biblioteca de Bayreuth, la ciudad de sus grandes triunfos wagnerianos, le dedica este verano una exposición. Lo primero que sorprende es la longevidad artística de la cantante. Falleció en diciembre del 2001 y aquel mismo año, en junio, con casi 90 años, todavía había subido al escenario de la Ópera Cómica de Berlín para interpretar el papel de la nodriza en Boris Godunov, de Musorgsky, junto a la soprano Mojca Erdmann, quien por edad, podía haber sido su nieta.
De todos modos, su carrera inició algo tarde. Empezó a estudiar canto a los 28 años y no debutó hasta 1942, pero desde entonces fue un no parar en papeles primero de mesosoprano. A su capacidad vocal unía la teatral con magníficos resultados. Sus interpretaciones de Carmen o Klytaemnestra (Elektra) llamaron la atención de muchos teatros. Pasó a cantar papeles de soprano hasta que Wieland Wagner la llevó a Bayreuth donde interpretó aquellas grandes heroínas wagnerianas que merecieron tantos elogios, para volver años después a la tesitura de mezzo.
Los wagnerianos barceloneses tuvieron ocasión de verla en su salsa cuando los Festivales Bayreuth aterrizaron en el Liceu en 1955. Aquí cantó Brünnhilde en La Valquiria y causó sensación, dentro y fuera del escenario.
En una crónica publicada en Diario de Barcelona, Sempronio, el gran cronista barcelonés de aquellos años, relataba la expectación causada por la soprano en la calle: “Martha Mödl salió ayer del ensayo luciendo un elegante vestido estampado y con unas flores en la mano. [Wolfgang] Windgassen, el gigantesco Parsifal, se la llevó en su coche descubierto. La muchedumbre curiosa, estacionada en la calle de San Pablo, creía estar presenciando una escena de opereta intercalada en el ciclo de ópera”.
De aquella interpretación existe un testimonio en la más que curiosa grabación de la representación del 27 de abril de aquel 1955 que fue editada en CD en el 2005 por Aria Recording, con el patrocinio de Amics del Liceu, con motivo del 50º aniversario de la venida a Barcelona de los cuerpos estables y los solistas de Bayreuth.
El repertorio de Martha Mödl fue amplísimo y abordó obras de numerosos compositores contemporáneos, entre ellos, Gian Carlo Menotti, Carl Orff, Benajamin Britten, Richard Rodney Bennett, Hans Werner Henze o Aribert Reimann. “Solo quiero cantar, nada más”, decía, y quienes la conocieron en sus años de plenitud la recuerdan como una trabajadora infatigable para quien el teatro era su vida.
La exposición muestra numerosísimas fotos de la cantante en distintos escenarios. Falta el del Liceu. Lástima.














