Malditas rodillas. Otra vez la tendinitis que tortura a Rafael Nadal desde hace años le impedirá estar en los Juegos Olímpicos de Londres. A una semana de desfilar con la bandera en el estadio olímpico, el número 2 mundial decidió renunciar a su máxima ilusión. Los problemas físicos le impedirán defender la medalla de oro que ganó hace cuatro años en Pekín, esta vez sobre la hierba de Wimbledon. Ya hace tres años, en el 2009, la misma tendinitis le impidió estar en el torneo inglés para defender el título ganado por primera vez sobre la hierba del All England Tennis Club en el 2008.
Nadal ha esperado hasta el último momento para tomar la decisión más difícil de su carrera deportiva. Un duro golpe para un campeón que había colocado los Juegos Olímpicos como uno de los grandes objetivos de esta temporada en la que había recuperado la autoestima tras poner fin a la serie de derrotas ante Novak Djokovic y haber completado una temporada de tierra excepcional cerrada con el séptimo título en Roland Garros. El esfuerzo le ha pasado factura en el peor momento. A Nadal hay que agradecerle su empeño por forzar la máquina hasta el último momento, su grandeza por retirarse para dar la oportunidad a un compañero mejor preparado físicamente y su humildad para encajar la peor decepción para un deportista.
La renuncia de Nadal es un duro golpe para el equipo español olímpico, que tenía puestas las máximas esperanzas en el campeón mallorquín en la lucha por las medallas en Londres 2012. Sin Nadal, España se queda sin una de sus grandes bazas. Su baja es un impacto para todos sus compañeros, que le tenían como referencia en los Juegos. Ahora solo cabe esperar que ese descanso obligado por esas malditas rodillas le permita recuperarse para lo que resta de temporada y pueda seguir dando nuevas alegrías. Nadal ha demostrado ser un campeón olímpico de verdad. No estará en Londres-2012 pero Rio de Janeiro-2016 solo está a cuatro años vista y la bandera le esperará en Brasil.














