Mujeres en Yemen

portada de 'El coche de Intisar'

Intisar tiene 27 años, es soltera, trabaja de anestesista, se pinta las uñas de los pies, fuma, viste tejanos y le encanta escuchar música mientras conduce su coche, un viejo Corolla. Nada de esto sería extraordinario sino fuera porque es una mujer yemení. Y en Yemen, a una mujer que fuma se la considera una puta, su padre o marido puede llamar a su jefe ordenándole que la despida, a las solteras se las cree incompletas y dignas de lástima, los padres les concertan matrimonios sin su consentimiento y pocas son las mujeres que se atreven a salir a la calle sin niqab, un traje que solo deja sus ojos a la vista de los demás, ya que si no lo llevan los hombres las consideran mujeres fáciles y les hacen proposiciones o bien las insultan. Triste paradoja: con niqab, cubiertas de la cabeza a los pies, muchas se sienten más libres, porque así los hombres no las molestan y pueden hacer cosas tan condenables como conducir o comprar tabaco sin que nadie de la familia las reconozca.  

Intisar, como tal, no existe más que en la impactante y reveladora novela gráfica que acaba de publicar el escritor Pedro Riera (Barcelona, 1965), ilustrada con un estilo costumbrista por Nacho Casanova (Zaragoza, 1972). Su título, El coche de Intisar (Glénat). No, Intisar no existe, pero suvida cotidiana está construida gracias a los testimonios de una cuarentena de mujeres reales entrevistadas por el autor, que acompañó a su mujer al país árabe durante un año cuando a ella le surgió un trabajo en Saná. La segregación entre sexos y la situación de la mujer en un mundo hecho por y para hombres les impactó de tal forma que quisieron retratar esa sociedad en un libro que quiere alertar de que si el poder está en manos de los hombres pueden usarlo cuando les viene en gana abusiva e injustamente contra las mujeres. 

Unas mujeres, que como Intisar, que de pequeña quería ser un niño para tener su misma libertad, de mayores descubren que sí quieren ser mujeres, pero con el poder de decisión y la libertad de los hombres. Un cómic necesario no solo por su labor de denuncia sino porque es capaz de transmitir, a través de las voces de mujeres que guardan el anonimato, que la esperanza de un cambio en Yemen es posible. Recuerden pero que siempre puede ser peor: en Arabia Saudí si te atreves a ponerte al volante puedes acabar condenada a que el sádico de turno te acribille a latigazos, y cuidado, mejor que no tengas unos bonitos ojos porque deberás cubrirtelos, no sea que alguna mente retorcida pueda interpretar una mirada tuya como sensual o tentadora.