Mientras seguimos acogotados por la austeridad y la subida del IVA que va a dejar al mundo de la cultura, entre otros, laminado, Alex Ross, el autor de El ruido eterno, explica en su nuevo libro recién publicado Escucha esto (Seix Barral), qué hizo con la música la administración Roosevelt durante la Gran Depresión.
La década de los 30 en EEUU fueron unos años de una gran popularización de la música llamada clásica, gracias en parte a dos nombres propios, el de la cadena de radio NBC y el del director Arturo Toscanini. Juntos llegaban a una audiencia de millones de oyentes.
Pero esto no era todo. El presidente Roosevelt fundó el Proyecto Federal de Música que en dos años y medio entretuvo en directo a ¡95 millones de personas! por todo el país, desde reformatorios para delincuentes juveniles hasta la América rural más profunda. Ross escribe:
“Quienes consideran la forma de expresión artística como algo intrínsecamente elitista podrían reflexionar sobre una ironía: en una época de crisis económica ininterrumpida, cuando Estados Unidos se desplazó más hacia la izquierda que en ningún otro momento de su historia, cuando las ideas con un sesgo socialista amenazaban la religión nacional de la libre empresa, la música clásica lograba su máxima popularidad. Las interpretaciones de música de Beethoven dirigidas por Toscanini simbolizaron un espíritu de altruismo y unión, tanto durante la Gran Depresión como durante los años subsiguientes de la guerra”
Décadas después, los sumos sacerdotes de la libre empresa de la administración de George W. Bush aprobaron una ley que premia a las escuelas que alcanzan determinados niveles en los exámenes de las materias troncales y castiga a las que no llegan.
El resultado, según explica Ross, es que en el 2006, el 71% de los distritos escolares habían reducido sus currículos a expensas de las artes que fueron consideradas como prescindibles y cita el ejemplo de California. Allí entre 1999 y el 2004 el número de estudiantes matriculados en cursos de música pasó de 1,1 millones a 589.000, casi la mitad.
La derecha, sea próxima o lejana, combina mal, muy mal, con la difusión de la cultura. Y la austeridad nos hará más incultos.















