“No hay un duro, no hay un duro”. Y él venga, venga, como un martillo pilón. Las puertas se cierran. Pues si se cierra una puerta ya se abrirá otra. Buenas palabras, gestos, ni un desprecio. Pero como si se tratase del famoso relato de Mariano José de Larra, la respuesta siempre es parecida: “Vuelva usted mañana”.
El “vuelva usted mañana” –en catalán suena más o menos igual- es la frase más escuchada por Rubèn Peris. Llega de un ayuntamiento, de una diputación y ya no digamos de una empresa. Da igual que sea catalana, asentada en Catalunya o foránea. Rubèn Peris, para quienes no lo conozcan, es el presidente de la Volta a Catalunya. Y para quien no esté muy al día, la Volta a Catalunya es una carrera centenaria, más vieja que la Vuelta a España. Es una prueba deportiva que se disputa en bicicleta, que recorre la geografía catalana y que en época de nuestros abuelos llenaba la cuneta de aficionados y más seguidores. Nada tenía que envidiar al Tour.
Si la Volta sigue viva, si sigue respirando, si va deambulando de habitación en habitación por un imaginario hospital, es, sobre todo, por obra y gracia de Peris. Le cierran una puerta. Pues a llamar a otra. Le dicen que no hay dinero, pues ya saldrá de otro lado. Si no podemos llegar a este lugar, pues lo haremos a otro. Y así año a año, golpe a golpe, verso a verso. Si ya era difícil en los tiempos en que el dinero salía de debajo de las piedras, solo hace falta imaginar la tremenda dificultad que supone en el 2012 izar la bandera de la Volta, buscar rutas en un mar con marejada continua pero seco de dinero como un oued en el desierto.
Hay ayuntamientos que no han podido pagar todavía la factura de pasadas ediciones. Y no porque no quieran, o pretendan engañar. Lejos de la realidad. Porque no tienen un euro. El año pasado ni la presencia de Alberto Contador, que llegó, vio y venció, sirvió para atraer las cámaras televisivas. Y más de lo mismo, no porque a las cadenas públicas no les interesase la carrera sino porque sus presupuestos se reducían y no había efectivo en mano para llenar de helicópteros (al menos uno) los cielos catalanes, de enlaces (más de uno) y de motocicletas (como mínimo tres) para que las imágenes llegasen a todas partes, a estos aficionados que reclamaban y reclaman que la esencia de la ronda catalana se abonara en sus hogares.
Pero Rubèn Peris es como ese martillo pilón, no se cansa, ni se cansará. Si le cierran una puerta ya le abrirán otra. Hasta el punto de que una vez más ha conseguido sacar el recorrido –ya lo tiene atado pero por más que se le insista (al estilo de los golpes de su martillo) no suelta prenda-. Si los últimos años la carrera salía de Lloret, en esta edición año lo hará de otro municipio porque ya tiene firmado un acuerdo y hasta una “gran etapa de montaña”, según sus palabras, que terminará en una estación de esquí. Y también el municipio de Ascó, fiel a la Volta, y Badalona, porque a su alcalde, Xavier García Albiol, le gusta el ciclismo. Y Barcelona porque los responsables municipales de la ciudad, los de antes y los de ahora, siguen creyendo que si el Tour acaba en París y la Vuelta en Madrid, la ronda catalana debe terminar en la capital de Catalunya. Y eso que el domingo 25 de marzo, las calles barcelonesas estarán sobredimensionadas en el aspecto deportivo, porque la Volta coincide con la disputa del maratón.
¿Ganar dinero? Imposible. Un imperio de voluntarios, muchos de ellos personas jubiladas que han vivido toda la vida pendiente de las hazañas de los esforzados de la ruta, mantiene abierto el grifo del oxígeno de la carrera que, además, y casi como si se tratase de un milagro, ¿milagro Peris? gozará de televisión en directo (Teledeporte y Esports 3), en una edición en la que se espera la participación de Alberto Contador (TAS mediante), Alejandro Valverde, Joaquim Purito Rodríguez, Samuel Sánchez, Igor Antón e Ivan Basso. Flor y nata sobre una bici. Poderosos astros para derrotar al estilo de un demarraje la maldita y repetitiva frase del “vuelva usted mañana”.
@sergi_lopezegea











