La Copa del Mundo de esquí o el placer del deporte en directo

El público celebra con las esquiadoras el éxito de la competición. Foto: Joan Cortadellas

El público celebra con las esquiadoras el éxito de la competición. Foto: Joan Cortadellas

Hay experiencias únicas que todo buen aficionado al deporte de alta competición debería vivir alguna vez. Por pasión, por curiosidad, por novedad… da igual. La televisión, por desgracia, aunque es un medio extraordinario para seguir las mejores competiciones no permite captar todos los detalles; todo parece tan fácil, tan cerca, cuando realmente no lo es. Es imposible percibir la velocidad con la que desciende una esquiadora por una pista en una prueba de la Copa del Mundo, como la disputada el pasado fin de semana en la estación de Grandvalira, en Andorra. Cerca de ellas parece que sientas el viento (que por desgracia no estuvo a la altura de las circunstancias) estallar contra tu rostro o la nieve romperse al contacto con tus esquís.

Viendo entrenar a las mejores esquiadoras del mundo, tan cerca de ellas y no a través de la fantasía de la televisión, se notaba la misma sensación que se intuye cuando, en los mismos Pirineos, se busca un lugar de privilegio en la cuneta, junto a la carretera, para ver muy de cerca el paso de los corredores del Tour de Francia. Y, seguramente, la misma emoción que percibe un aficionado a los ralies cuando encuentra una situación inmejorable para ver como derrapan los coches.

Sin embargo, una cosa tienen en común estos tres deportes: esquí, ciclismo o ralies y tres competiciones de postín: la Copa del Mundo de esquí, que por cierto jamás hasta ahora se había celebrado en Andorra, el Tour de Francia, que si ha pasado varias veces por el Principado, y el Mundial de ralies. La oportunidad que da a los aficionados por ver de cerca y casi palmar a los mejores especialistas del esquí, las bicis o el volante de los coches sin tener que desembolsar un euro. Es gratis. Tan cerca de ellos y sin que te cueste ninguna entrada. ¿Se imaginan los aficionados al fútbol un hecho parecido? ¿Qué los partidos de Champions en el Camp Nou fueran gratuitos?

En Andorra, el pasado fin de semana, incluso no era necesario siquiera sacarse el forfet para presenciar la Copa del Mundo. Si un aficionado al esquí o simplemente un curioso quería ver de cerca a esas chicas que triunfan en los Alpes y que se deslizan en el televisor, solo debía atravesar el puente sobre el río Valira, en Soldeu, y apostarse sobre la pista Avet, al final de la misma, y fotografiar, aplaudir o hasta emocionarse con la llegada de las campeonas. Lo mismo que cuando Andy Schleck pasa cerca de tí escapado en el Galibier y te preguntas ¿cómo es posible que suba tan rápido por una cuesta dándole a los pedales? El deporte en directo no tiene precio, sobre todo si es gratis, y más aún si no es necesario esperar a las 10 de la noche para disfrutar del mismo.