Hobsbawm, el marxista influyente

Hobsbawm, en una foto del 2008. EFE / ROLAND SCHLAGER.

Hobsbawm, en una foto del 2008. EFE / ROLAND SCHLAGER.

Que un historiador declaradamente marxista mereciera en plena guerra fría y desde la caída del comunismo hasta hoy la admiración y el respeto de intelectuales y políticos de un amplísimo espectro, desde la derecha hasta la izquierda, explica qué tipo de historiador era Eric J. Hobsbawm, un estudioso riguroso e incisivo.

Al introducir la historia social reavivó el declinante estudio de la historia en el Reino Unido, pero su influencia se extendió mucho más allá del canal de la Mancha.

Hobsbawm se definía como un “observador participante” robando esta definición a la antropología. Ciertamente, su vida ha sido un compendio de la historia europea. Nieto de un judío polaco que se instaló en Londres en la segunda década del siglo XIX, el historiador nació en 1917, con la revolución rusa, y lo hizo en Alejandría (Egipto), uno de los centros neurálgicos del imperio colonial británico.

Su madre era una vienesa de clase media y el futuro historiador se educó en la capital del imperio austrohúngaro. Huérfano de padre y madre, un tío lo llevó al Berlín de la República de Weimar donde fue testigo del ascenso de Hitler al poder.

Decía que, entre otros elementos, lo que había dibujado su personalidad fue: “Una infancia en la Viena de los años 20, los años del ascenso de Hitler en Berlín que determinaron mi pensamiento político y mi interés por la historia, e Inglaterra, especialmente el Cambridge de los años 30, que confirmaron ambos”.

Hobsbawm se dedicó a la historia del siglo XIX (La era de la revolución: 1789-1848, La era del capital: 1848-1875 y La era del imperio: 1875-1914, entre otros). Pero, indefectiblemente, este siglo XIX le llevó, como apuntaba el último ensayo citado, al siglo XX que calificó de “el siglo corto”, una centuria de solo 70 años, los que van desde la revolución rusa (1917), hasta la caída del comunismo (1991) y que explicó en Historia del siglo XX, cuyo título en su versión original, La era de los extremos, enlaza con los títulos de la serie dedicada al XIX.

En el prólogo a esta historia, Hobsbawm advertía:

“Mi vida coincide con la mayor parte de la época que se estudia en este libro y durante la mayor parte de ella, desde mis primeros años de adolescencia hasta el presente, he tenido conciencia de los asuntos públicos, es decir, he acumulado puntos de vista y prejuicios en mi condición de contemporáneo más que de estudioso”.

Tras la caída del muro de Berlín y cuando el nacionalismo emergente en lo que había sido la Unión Soviética y en los países del Este europeo se disponía a cambiar las fronteras europeas, el historiador publicó Naciones y nacionalismo desde 1870. Programa, mito, realidad en el que no obviaba el nacionalismo catalán y vasco. Su relectura hoy, a la luz de la actual política catalana, puede resultar educativa. 

El pasado año, en plena crisis económica y financiera, Hobsbawm recogió varios ensayos, algunos inéditos y otros ya publicados, sobre Karl Marx y el marxismo, Cómo cambiar el mundo. Ante el espectacular fracaso de las teorías neoliberales, tampoco estaría de más rendir un último homenaje a este “intelectual inglés transnacional” (Tony Judt dixit), con la lectura de esta selección.