En busca de la derrota del Barça

Laporta, en una fiesta reciente en Italia.

Laporta, en una fiesta reciente en Italia.

Los colegas de ‘Luz de gas’ han decidido echarse una mano. Están en su derecho, para eso son los amigos (pensarán ellos), pero deberíamos empezar a pensar que todo tiene su peligro. En medio del relevo que se está produciendo en el interior del vestuario del Barça (interior que preocupa, y mucho, a los culés, pues el palco es, para muchos de ellos, lo menos importante), Joan Laporta ha decidido convertirse en el primer agitador, más por su interés personal que por otra cosa.

Desde que Pep Guardiola dijo que lo dejaba, Laporta, que según cuentan los que saben de política se aburre, y mucho, en su papel de representante del pueblo (de todos los pueblos, también del festivo), ha decidido hacer cuanto más ruido mejor para intentar complicarle la vida, la presidencia, la existencia, el presente y el futuro, tal vez, incluso, hasta los resultados, a Sandro Rosell.

Y lo hace porque lo llevó a los tribunales y porque, más recientemente, el Barça (menudo es el que lleva las cuentas) se ha negado a pagar unas facturas por obras de seguridad en casa del expresidente. Laporta dice que habla, critica, maltrata verbalmente y escupe sobre los actuales mandatarios porque estos quieren acabar con los pilares del Barça. Y, no, no es por eso. Todos, incluido el propio Laporta, saben que no es por eso. Ni por Puyol. Ni por Valdés. Ni por Xavi. No, por Xavi tampoco es.

Lo que es evidente es que este es un pulso interminable que va en contra del equipo, cosa que le preocupa poco a Laporta. Y que va en contra del futuro inmediato, cosa que le preocupa aún menos al expresidente. Y digo que le preocupa poco porque si, como se ha atrevido a publicitar (para meter miedo, para asustar a Sandro Rosell, para que se ponga a temblar), Laporta medita presentarse a las próximas elecciones, es evidente que lo que le interesa al expresidente es que el Barça pierda cuanto antes, más y peor, mejor. Como ganen otros 14 títulos de corrillo, Laporta no tiene nada que hacer, ¿verdad?

Cuando ofrecemos a Laporta la posibilidad de expresarse (todo el mundo tiene libertad para ello), deberíamos de pensar a quien ofrecemos nuestros micrófonos, platós o páginas, pues cuando uno piensa en el Laporta que ha reconocido ante la justicia haber hecho negocios multimillonarios aprovechando la presidencia azulgrana o lo ve bañándose en la boda de un conocido italiano en plan ‘silvioberlusconiano’, la tendencia es a no creerse, lo siento, más de la mitad de lo que dice.

Yo, de momento, le he dicho a mi amigo mexicano, gran periodista y mejor escritor, que no se meta en líos y olvide ese encargo de escribir la autobiografía de una de las novias brasileñas del expresidente azulgrana. Lo quieren liar, pero yo le he dicho que no le interesa. De momento. Y eso que cuando ayer vio esas fotos piscineras se volvió a animar.