Un cóctel con buenos ingredientes siempre acaba funcionando. Eso es lo que sucedió en el Palau de la Música con la propuesta para la temporada de Ibercamera. El atractivo programa, con doble dosis de Mozart y obras de Neruda y Shostakovich interpretadas por la Orquesta de Cámara de Viena y dos solistas locales cada vez más consolidados, el pianista barcelonés Enrique Bagaría y la trompetista de la OBC Mireia Farrés, acabó conquistando al público. El emergente director burgalés Eduardo Portal, que está haciendo carrera en Europa, contribuyó a dar forma conjunta a esta exitosa apuesta. Tanto fue así que al final de la velada los protagonistas ofrecieron dos bises para corresponder a la entusiasta acogida.
Hace solo unos días, John Eliot Gardiner elogiaba la calidad de los músicos españoles que militan las orquestas europeas al hablar de los cinco solistas de nuestro país que forman parte de la Mahler Chamber Orchestra. El maestro decía que era una pena que todos estos intérpretes no pudieran reunirse aquí en una formación nacional o perteneciendo a la base estable de las principales agrupaciones. Si Gardiner hubiera estado entre los espectadores del pasado jueves en el Palau o el domingo en Girona, donde se repitió el programa, también habría aplaudido el ensamblaje de los dos solistas autóctonos con la sólida formación vienesa y hubiera insistido en la repetición de una fórmula que permite sacar lo mejor de nuestros intérpretes.
La dos veladas se iniciaron con la interpretación de la popular ‘Serenata, número 13′ de Mozart. La orquestra de cámara pasó por encima de un brioso pero excesivamente gesticulante Portal para exhibir un dominio abrumador de una partitura de carácter tan ligero y fácil de digerir, pero lo bueno llegó cuando entró en juego Bagaría para desgranar el ‘Concierto para piano y orquesta, número 9′, una obra de madurez creativa del genio del Salzburgo llena de cadencias y que requiere un gran virtuosismo interpretativo. El pianista superó largamente las expectativas haciendo una lectura tan elegante como precisa de la obra, además de dialogar a la perfección con la orquesta. La entrada del piano desde el primer momento y el rondo-presto final impregnaron la sala de la alegría de la partitura y hasta los músicos aplaudieron al solista cuando recibía las reiteradas aclamaciones.
Ya en la segunda parte le llegó el turno de lucimiento a Farrés, una solista surgida de la cantera de la Jove Orquestra Nacional de Catalunya y acabada de formar en Boston donde fue solista de la formación sinfónica local. Cada vez más solicitada por orquestas o en sus recitales con acompañamiento de piano, la solista de la OBC estuvo muy comunicativa y expresiva. El ‘Concierto para trompeta y orquesta de cuerdas’ de Joan Baptist Neruda, compositor contemporáneo de Mozart, le permitió exhibir su dominio del instrumento. La trompetista de Santpedor solventó la exigencia de esta brillante aunque corta obra, dominando el equilibrio de contrastes de los tres movimientos y conectó muy bien con el resto de los músicos.
Bagaría volvió a tener protagonismo con una ajustada versión del exigente ‘Concierto para piano, trompeta y orquesta de cuerdas’ de Shostakóvich, en el que Farrés tuvo un papel más complementario pero siempre ajustado al espíritu de una obra, en la que Portal se mostró mucho más eficaz desde el podio. El éxito conseguido con esta fórmula, que fue recompensada con una buena entrada en los dos conciertos, abre el camino a parecidas iniciativas siempre justificadas, pero mucho más en tiempos de ajustes presupuestarios.












