El milagro de ‘El Viñas’

Los ganadores del Concurso Viñas, el 20 de enero, en el Liceu. ACN / PERE FRANCESCH.

Los ganadores del Concurso Viñas, el 20 de enero, en el Liceu. ACN / PERE FRANCESCH.

Que el Concurso de Canto Francesc Viñas haya cumplido 50 años y goce de un gran prestigio internacional, a mí me parece un verdadero milagro. Milagro porque éste es un país en el que cuesta mucho, demasiado, lanzar iniciativas artísticas de calado. Y más difícil aún es que prosperen, se afiancen y puedan celebrar el medio siglo de existencia. Quizá el concurso sea la excepción que confirma la regla.

La edición recién acabada ha sido pues de merecida celebración, con un libro profusamente ilustrado sobre la historia del concurso (Pagès editors) acompañado de un DVD con grabaciones de los últimos años y una exposición en el Foyer del Gran Teatre del Liceu.

De los 23 inscritos en la primera edición, la de 1963, se ha pasado a los 487 de la recién acabada. Por El Viñas han pasado casi 10.000 voces en estos 50 años.

 

Conxita Badia (izquierda) y Montserrat Caballé felicitan a Teresinha Röhrig Ferreira, ganadora del segundo premio en 1963.

Conxita Badia (izquierda) y Montserrat Caballé felicitan a Teresinha Röhrig Ferreira, ganadora del segundo premio en 1963.

La lista de premiados en las diversas modalidades a lo largo de este medio siglo y que después han triunfado en los escenarios es larga. Por ejemplo, Elena Obraztsova, Aprile Milo, Ewa Podlés, Alicia Nafé, Vicenç Sardinero, Kurt Rydl, Luis Lima, Dalmau González, Enedina Lloris, Sumi Jo, Leontina Vaduva, Isabel Rey, Olga Borodina, Violeta Urmana, Petra-Maria Schnitzer, Ofelia Sala, Aquiles Machado o Nino Surguladze. No está nada mal este elenco.

El concurso fue una idea del tenor Viñas (1863-1933) que nunca pudo ver convertida en realidad. Quien la llevó a la práctica fue su yerno, el doctor Jacint Vilardell, y después la hija de este y nieta del cantante, María, que estuvo al frente del certamen hasta el 2011, año de su muerte. Hoy es Miguel Lerín, biznieto del tenor, quien está al frente.

Los primeros años, sin un respaldo institucional, fueron difíciles, pero el reto, como se ha demostrado, no era imposible. Al principio, incluso la casa de los Vilardell, en el Eixample barcelonés, se llenaba de cantantes. Después el Liceu empezó a colaborar de manera creciente con los años de modo que hoy se asocia el concurso al teatro.

Gracias al coliseo de La Rambla el Viñas se ha realmente internacionalizado. Las pruebas eliminatorias antes de llegar a la última fase en Barcelona se realizan en los teatros de Madrid, Paris, Londres, Hamburgo, Milán, Nueva York, Los Angeles, San Francisco y Pekín.

Sin embargo, el concurso no sería posible sin la total entrega de la familia Vilardell, ahora en la persona de Lerín que actúa de auténtica alma del certamen. Junto a él hay un numeroso grupo de fieles voluntarios (algunos llevan colaborando 37 años), que se ocupan de las tareas más variadas, desde asegurar que los concursantes estén en su sitio en el momento preciso, a que no falten las partituras o también la de consolar a quienes no superan la prueba.

El Viñas demuestra que la sociedad civil puede obrar milagros.