Hay producciones operísticas que crecen con el paso del tiempo. Los años transcurridos las van redondeando y mejorando. Esto es lo que ocurre con la de Tristán e Isolda, dirigida escénicamente por Christoph Marthaler, que este año acaba su recorrido en el Festival de Bayreuth tras haberse representado en seis ediciones.
El deterioro y hundimiento progresivo que presenta el decorado que es barco, castillo y refugio final de Tristan, refleja el sentido de pérdida irremisible que experimentan los protagonistas de esta gran historia de amor.
Su estreno en el 2005 no pudo ser peor pese a tener una Isolde de bandera como es Nina Stemme. La dirección musical de Eiji Oue hizo fracasar aquel empeño. Tanto, que después de aquel primer festival, el que sería director de la OBC no volvió a subir al podio de Bayreuth.
Oue no estuvo ni de lejos a la altura de sus antecesores Wolfgang Sawallisch, Karl Böhm, Carlos Kleiber o Daniel Barenboim en la dirección de esta ópera en el festival wagneriano. Un valor seguro y de confianza de casa Wagner como es Peter Schneider se hizo cargo desde entonces hasta ahora de este Tristán.
Tras cantar en los dos primeros años, la sueca Stemme dejo pasó a una compatriota suya, a Irene Theorin, que interpreta a Isolda al lado de Robert Dean Smith como Tristán. Ahora, al final de su ciclo, esta producción ofrece su último y brillante destello, como las luces que pueblan el escenario cuya intensidad corre paralela al enamoramiento de la pareja protagonista y a las dificultades que encuentran en su camino, para apagarse definitivamente con la muerte, tras un último resplandor vital.
Theorin ha crecido con el papel hasta alcanzar la casi excelencia el día del estreno en esta edición del festival, el 26 de julio. Con su voz poderosa y llena, la soprano ha hecho suya a una Isolda que adquiere toda su dimensión dramática en el Liebestod final.
Con el paso de los años, la mezzosoprano sudafricana Michelle Breedt también ha hecho suyo el papel de la fiel Brängene. Por el contrario, Robert Dean Smith que siempre es un valor seguro aunque a veces le falte la punta de emoción, no tuvo su mejor día. Se le notaba tenso. Un contratiempo vocal en el ensayo general le estaba pasando factura. Pero, como dice un buen amigo, dada la grandísima y extenuante dificultad del papel de Tristán, los tenores que lo interpretan merecen siempre el aplauso.
Kwangchul Youn compone siempre esta gran figura, toda dignidad y generosidad al final, que es el rey Marke, lo mismo que Jukka Rasilainen, el fiel Kurwenal. La dirección de Schneider, quizá no sea la más brillante, pero sí la más segura. A todos ellos los veremos y escucharemos en septiembre en el Liceu.















