Doblete triunfal de Mehta en Valencia

Violeta Urmana (Medea), sobre un pedestal, y María José Montiel (Neris), abajo, durante la representación. TATO BAEZA

Violeta Urmana (Medea), sobre un pedestal, y María José Montiel (Neris), abajo, durante la representación. TATO BAEZA

Doble y excitante programa operístico en época de vacas flacas. La quinta edición del Festival del Mediterrani de Valencia, que acoge el Palau de les Arts, está ofreciendo estos días ‘Il trovatore’ y ‘Medea’, ambas con dirección musical de Zubin Mehta y escénica de Gerardo Vera. La doble apuesta está asentada en una imaginativa economía de costes, ya que parte de la estructura de la primera ópera es aprovechada para la segunda donde se consigue una más lograda atmósfera de la tragedia griega. Todo ello, unido al buen nivel de reparto vocal elegido, está dando magníficos resultados tanto en lo artístico como en la respuesta del público.

Pero si hay que elegir un triunfador de este doblete no cabe duda de que este es Mehta. El que también es director de la muestra está arrasando con su depurada lectura de ambas obras, apoyándose en la joya de la corona del teatro que no es otra que su soberbia orquesta, así como en el implicado y cada vez mejor coro. Pero al infatigable maestro hindú, al que volveremos a ver en agosto en el Festival de la Porta Ferrada al frente de la Filarmónica de Israel, todavía le queda ofrecer una versión en concierto de ‘Tristán e Isolda’ y un programa sinfónico dedicado a Brahms que, con la formación que tiene entre manos, hará las delicias de los melómanos.

En momentos de razonables dudas sobre la sostenibilidad de un proyecto que está sufriendo cada vez más severos recortes en las subvenciones de su principal esponsor, la Generalitat Valenciana, pero también de Madrid –hasta un 25% de rebaja este año–, hay que poner en valor lo conseguido con las bases estables de una institución que arrancó con presupuestos y sueldos disparatados pero que tiene ahora mismo la mejor orquesta de ópera de España. Es una gozada oír a unos músicos que suenan como las buenas formaciones centroeuropeas y que siguen mostrando una entrega y nivel encomiables.

Pero ciñéndonos a los resultados artísticos, el balance de lo visto con este doblete es francamente positivo. La apuesta más arriesgada es ‘Medea’ de Cherubini, una obra poco representada en la actualidad y a la que han dado vida, entre otras, Maria Callas y Montserrat Caballé. El hecho que debuten en sus roles todos los cantantes del reparto y el propio Mehta demuestra hasta qué punto es una representación plagada de retos. ¿Todos superados? Unos más que otros, pero en conjunto la representación alcanza un gran nivel. La versión del director musical es elegante, contenida y ajustada a los dictados de la partitura de Cherubini. Acentúa los momentos de pasión y dramatismo desbordados y es delicada en los pasajes más intimistas pero manteniendo siempre el equilibrio. La orquesta consigue que la música tenga tanta fuerza narrativa como la exposición de la tragedia a cargo de unos destacados intérpretes, alguno de ellos elegido por la intendente Helga Schmidt en la inagotable cantera rusa. La recreación de sus papeles no siempre se ajusta al libro de estilo de la ópera pero si da respuesta a la intensidad del drama.

La papeleta más difícil es para la soprano Violeta Urmana. El de la lituana es un rol agotador tanto en la exigencia dramática como en la vocal. Con su portentosa voz supera con creces el reto, aunque en algún momento se pase de decibelios. Va de menos a más hasta acabar con un final realmente estremecedor. Algo parecido ocurre con el bajo Dmitri Beloselski (Creonte), pero en todo momento da con el tono de su personaje. El tenor Serguei Skorokhkodov (Jason) encarna al infiel marido de Medea con una buena y lírica dotación vocal, aunque le falta hondura en lo dramatúrgico. Ofélia Sala aporta el dulce perfil de Glauce (hija de Creonte y envenenada novia de Jason), exhibiendo su buena técnica algo falta de proyección. Soberbia es la Neris de María José Montiel. La messo madrileña expone con atinada teatralidad su rol de testigo de la furia asesina y vengativa de Medea.y su aria en solitario fue justamente aplaudida.

Maria Agresta (Leonora) y Jorge de León (Manrico), en un momento de 'Il trovatore'  TATO BAEZA

Maria Agresta (Leonora) y Jorge de León (Manrico), en un momento de 'Il trovatore' TATO BAEZA

En ‘Il trovatore’ brilla con luz propia la lección de Mehta, pero también hay que destacar a las voces, ya que al contrario de ‘Medea’ ni la puesta en escena ni la dirección de actores está a la altura de la belleza expositiva de la música. Exhibición verdiana con picos prometedores. Maria Agresta compone una estupenda Leonora, con un buen caudal de voz y un notable equilibrio entre su centro y agudos. Es un valor a seguir. Jorge de León (Manrico) confirma su gran progresión. El canario vuelve a mostrar la belleza de su timbre y una gran facilidad para llegar a los diferentes registros. Hay tenor para grandes retos si administra bien su carrera.

Ekaterina Sementxuk eleva el perfil dramático del personaje de Azucena especialmente en momentos como los de la narración de la terrible experiencia de haber enviado a la hoguera a su propio hijo por error y criar al secuestrado Manrico como si fuera su madre. Apoyándose en un canto de gran fuerza expresiva marcó los momentos culminantes de su truculenta acción, incluido el episodio de la ‘vendetta’. El barítono Sebastián Catana ofrece un convincente Conde de Luna, lleno de sólidos recursos. Su trabajo está a la altura del exigente reparto de una propuesta realmente conseguida en lo vocal, aunque excesivamente estática en lo teatral..