Bayreuth en el Liceu (2): La vista disgustada

Ferran Mascarell, Eva Wagner-Pasquier, Joan Francesc Marco y Katharina Wagner, el 1 de septiembre en el Liceu. ÁLVARO MONGE.

Ferran Mascarell, Eva Wagner-Pasquier, Joan Francesc Marco y Katharina Wagner, el 1 de septiembre en el Liceu. ÁLVARO MONGE.

Se ha dicho hasta la saciedad que la venida a Barcelona del festival wagneriano es un hecho histórico, que solo ha salido de su sede de Bayreuth en tres ocasiones y una de ellas ya fue Barcelona, en 1955, y etcétera, etcétera.

¿Se han enterado nuestros políticos? ¿O es que les avergüenza asistir a un teatro después de haber subido del 8 al 21% el IVA de los espectáculos? ¿No es esta una ocasión para promocionar Barcelona en busca de este turismo cultural que las administraciones dicen siempre desear (aunque al final acaban prefiriendo el de chancleta y torso desnudo)?

Salvo el conseller de Cultura, Ferran Mascarell; el concejal Jaume Ciurana, y dos expresidentes de la Generalitat, Jordi Pujol y José Montilla, la ausencia de políticos era espectacular. Ni de Barcelona ni de Madrid, considerando que el Ministerio de Cultura, Educación y Deportes es quien aporta la mayor subvención al teatro.

Estaban, sí, el presidente del Consell Nacional de la Cultura i les Arts (CoNCA), Carles Duarte, y el director del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), Marçal Sintes y pocos más. La comparación con la apabullante presencia de nuestros administradores, de la Generalitat y del Ayuntamiento, en el estreno en Barcelona del último espectáculo de Le Cirque du Soleil es realmente odiosa.

Otra visión decepcionante fueron las muchas butacas vacías y, a menos que se disparen las ventas a última hora, más habrá en las representaciones del martes (El holandés errante) y miércoles (Lohengrin). (El Tristan e Isolda del jueves está prácticamente vendido aunque, a diferencia de las otras dos óperas que se repiten, esta solo se presenta una vez).

Algo ha fallado en la promoción de este acontecimiento. Asistir al Festival de Bayreuth en Bayreuth no es, como saben muy bien los aficionados, nada fácil. La demanda de entradas es tan superior a la oferta que hay que hacer una cola de varios años, a veces hasta diez, para conseguir una localidad.

Sin duda, las fechas casi vacacionales de su programación en Barcelona y la crisis habrán tenido algo que ver, pero que el festival wagneriano por excelencia venga al Liceu, aunque sea en versión de concierto, debía ser atractivo más que suficiente para venderlo bien y llenar el teatro.

El resultado de El holandés de este sábado confirma que, pese a no ser escenificada, valía la pena asistir.