Bayreuth en el Liceu (1): El oído gozoso

Sebastian Weigle. RICARD CUGAT.

Sebastian Weigle. RICARD CUGAT.

Diez largos minutos de aplausos y bravos con el público puesto en pie y un raro –por poco habitual– silencio durante la representación (ni se oyeron toses ni ruidos del papel de caramelos, salvo alguna contada excepción, ni sonaron móviles) explican lo que fue la primera actuación de los componentes del Festival de Bayreuth en el Liceu el 1 de septiembre. Un éxito rotundo, fruto del elevado nivel de los artistas, pese a ser interpretada en versión de concierto.

El holandés errante, estrenada en 1843, es una ópera compuesta por Richard Wagner en la fase de transición hacia la madurez artística. Dentro del canon wagneriano es la ópera más antigua que se representa en Bayreuth. Contiene todavía muchos elementos musicales de la ópera italiana. Aún no es Wagner en estado puro.

Con la atención concentrada en la música el aspecto italianizante resultaba muy evidente en el Liceu. Sin duda, la dirección musical de Sebastian Weigle contribuía a resaltar esta faceta musical. Christian Thielemann, que la dirigió en Bayreuth este año, le daba un aire mucho más romántico-alemán, pero esto no es ningún demérito para el exdirector musical del Liceu.

El coro, en la representación de 'El holandés errante' en Bayreuth. REUTERS / MICHAELA REHLE.

El coro, en la representación de 'El holandés errante' en Bayreuth. REUTERS / MICHAELA REHLE.

Weigle hizo una gran lectura de El holandés y la orquesta respondió como sabe hacerlo, muy bien. Le faltaba la sonoridad del peculiar del espacio físico desde el que tocan en su sede, pero Weigle, que conoce a la perfección el teatro de La Rambla, supo suplir, dentro de lo posible, esta carencia.

Hubo una voz en Bayreuth este año que, pese a tener un segundo papel, impresionó por la belleza de su timbre y por su forma de cantar. Fue la del tenor  Benjamin Bruns en el papel del timonel. En el Liceu confirmó estas características con la ventaja además, al cantar en versión de concierto, de no estar obligado a hacer las payasadas que le imponía la dirección escénica.

Por el contrario, al bajo Franz-Josef Selig (Daland) parecía que le faltaba la escena. El otro tenor de la obra, Michael König (Erik) es de los que hace sufrir bastante y ayer no fue excepción.

En cuanto a Samuel Youn en el papel protagonista, es bien sabida la forma como, a toda prisa y con escasa experiencia en el rol que solo había cantado una vez en Colonia, tuvo que salir a defender el papel del holandés en Bayreuth.

Desde el 25 de julio en que lo estrenó en el teatro de la verde colina hasta ayer, ha conseguido hacérselo más suyo, está mucho más trabajado y, sobre todo, lo ataca con mucha menos tensión que aquel primer día.

Ricarda Merbeth será Senta en las ediciones futuras de este Holandés en Bayreuth después de que este año lo estrenara Adriana Pieczonka en la nueva producción. La soprano alemana se ha anticipado sumándose en Barcelona al elenco ofreciendo una Senta de alto voltaje lírico. La de Merbeth era una Senta que encajaba perfectamente en la dirección de Weigle.

Y el coro. ¿Qué decir de esta formación? Nunca defrauda. De los 130 componentes, han venido a Barcelona solo un centenar. Pese a esta reducción, no pierden ni la potencia ni la capacidad expresiva que les impone la dirección del mago Friedrich Eberhard. El público del Liceu les premió con los aplausos más prolongados.

Fue una gran primera noche del Festival de Bayreuth en Barcelona. A músicos y cantantes, coro y solistas, se les veía muy contentos con la recepción que les daba el público. Y Weigle, muy emocionado.