¿Es el Festival de Bayreuth? Sí y no

Katharina Wagner en el Liceu, tras la presentación del festival, el 14 de marzo del 2012. CARLOS MONTAÑÉS.

Katharina Wagner en el Liceu, tras la presentación del festival, el 14 de marzo del 2012. CARLOS MONTAÑÉS.

Lo que viene a Barcelona ¿es el Festival de Bayreuth? Sí y no. Hay diferencias importantes. La primera, sin duda, está en que las tres óperas programadas, Der fliegende Höllander (El holandés errante), Lohengrin  y Tristan und Isolde, serán interpretadas en versión de concierto y esto es una gran, grandísima, diferencia.

En una entrevista publicada en El Periódico, Katharina Wagner explicaba las dificultades logísticas y económicas que hubiera implicado el trasladar a Barcelona las escenografías y adaptarlas al escenario del Liceu, los días para todo este trabajo de tramoya, los días de ensayo en el espacio distinto al que están acostumbrados los cantantes, las dietas y etcétera, etcétera. Es una explicación que resulta convincente y más en tiempos de crisis como estos.

Otra diferencia, con todos los respetos para Sebastian Weigle, es la ausencia de Christian Thielemann, la gran estrella de la dirección que hace maravillas con el repertorio alemán, que este año ha dirigido El holandés, y la de Andris Nelsons que hacía otro tanto con Lohengrin. Y el coro vendrá en un formato algo más reducido con solo un centenar de voces en vez de las más de 130 que aparecen, por ejemplo en Lohengrin.

Christian Thielemann, el gran ausente.

Christian Thielemann, el gran ausente.

Una de las características principales, posiblemente la más distintiva del festival, es el sonido orquestal fruto de la peculiar situación del foso que en Bayreuth es invisible al estar a mucha profundidad. Este sonido será imposible reproducirlo en el Liceu, pero tanto Weigle como Peter Schneider, que dirigirá Tristan, conocen perfectamente el teatro de La Rambla y sabrán sacar el máximo provecho dadas las circunstancias.

Pese a todo, si sumamos Wagner + orquesta + coro el resultado puede resultar satisfactorio dadas las limitaciones. Lo que posiblemente no sea tan satisfactorio es el resultado económico.

La venta de localidades ha cojeado y aún hay entradas a la venta. Si los responsables de comunicación y marketing creían que con solo pronunciar la palabra mágica ‘Bayreuth’ se agotarían las entradas, se han equivocado. Hoy solo el nombre Zara vende. Para todo lo demás hay que picar piedra, incluso para vender el Festival de Bayreuth en Barcelona pese al acusado e indiscutible wagnerismo de la ciudad. 

Volvamos a la pregunta inicial. Lo que viene ¿es el Festival de Bayreuth? Pues sí y no.